domingo, enero 16

Filadelfia Corporate Suites o la Arquitectura del desarraigo

En sus orígenes, la urbe se levantó como destino del hombre sedentario, en ella desarrolló el sentido de su propio yo y, en la medida en que pudo vincularse a un lugar determinado, también desarrolló el sentido de pertenencia.

Una vez arraigado en un terruño, el hombre aprendió a mirar dentro de sí mismo, se hizo consciente del lugar y del espacio, al que además le otorgó un valor simbólico, impulsando con ello la evolución de la arquitectura.

De esta forma, la ciudad primigenia y su arquitectura, de mero refugio se convirtieron en vehículo del pensamiento y la memoria, hecho que desplegó un conjunto de prácticas y estrategias representacionales, con las que se establecieron, por un lado, diversas formas de vida, derivadas de criterios militares y religiosos, y por el otro, los lineamientos formales o estilos arquitectónicos.

Con el desarrollo moderno, nació el urbanismo, disciplina que implantó toda una serie de estrategias y mecanismos de control y desarrollo que establecieron desde: los criterios de utilización del terreno, hasta los códigos de construcción y vivienda. Es importante mencionar que el desarrollo económico de la ciudad moderna quedó también englobado dentro del ámbito del urbanismo, lo que dio lugar a nuevos temas arquitectónicos: fábricas, oficinas, mercados, centros comerciales, estaciones de trenes y aeropuertos; espacios que para su adecuado funcionamiento requirieron vías de transporte más grandes y eficientes que al mismo tiempo que de instauraron un paisaje totalmente distinto al de las ciudades clásicas, derivaron un nuevo fenómeno urbano, la movilidad.

Este fenómeno implicó para los ciudadanos un modo de vida trashumante, basado en el continuo traslado. Este hecho, además de que condujo a la disolución del entorno controlado y los rigurosos límites entre el espacio público y privado, establecidos por la propia modernidad, dio paso a una inédita forma urbana, la Ciudad Itinerante.

Este espacio alterable, contradictorio, inconsistente, transitorio y necesariamente mutable, se compagina con un discurso arquitectónico fundamentado en el desarraigo.

Los creadores de la arquitectura del siglo XXI ya no se ajustan a cánones que especifiquen una manera de hacer determinada, ahora llevan a cabo proyectos que diseñan de acuerdo a los parámetros que ellos mismos establecen. Hecho que ha generado que los despachos de muchos profesionales de la arquitectura funcionen como laboratorios, en donde los creadores además de que exploran nuevas formas estéticas y expresivas, indagan los fenómenos de la ciudad. Este es el caso del despacho mexicano BNKR Arquitectura, dirigido por los arquitectos Esteban y Sebastián Suárez.


La arquitectura de BNKR revela una actitud lúdica, desinhibida y el gusto por lo formal, sin embargo ninguna de sus obras se ha configurado por mero capricho, sus soluciones responden a los atributos y necesidades que establece la compleja Ciudad Itinerante y su arquitectura.


En el proyecto Filadelfia Corporate Suites, un hotel para viajeros de negocios, por ejemplo, llevaron hasta sus últimas consecuencias, tanto desde el punto de vista estético como conceptual, uno de los principales rasgos de la ciudad y la arquitectura contemporánea, el desarraigo.


El hotel, ubicado en la colonia Nápoles de la Ciudad de México, se desplanta en una zona regulada por tres usos de suelo diferentes: habitacional, oficinas y comercios, lo que hace que en el lugar, diariamente se desplace un gran número de personas, sobre todo porque ahí se localiza el centro de convenciones y negocios más grande de la ciudad, el WTC.


La propuesta, que excluía cualquier tipo de referencia estilística, en principio se resolvió mediante una solución variopinta, cuyo sentido, más allá del mero formalismo, es cuestionar el carácter impersonal y rígido que suponen los hoteles de negocios, espacios transitorios, cada vez más frecuentes en la ciudad contemporánea.


De esta forma, concibieron un hotel en el que todas las habitaciones fueran disímiles, tanto en la distribución espacial como en sus materiales, que incluían: madera, metal, roca volcánica, mármol, cerámica, cantera y vidrio, entre otros. La intención fue ofrecerles a los usuarios del hotel -integrados principalmente por empresarios y gente dedicada a los negocios- habitaciones con ambientes diferentes que les permitiera elegir el que más se adecuara a sus gustos, para hacer de su estancia una experiencia menos impersonal y del rutinario viaje de negocios algo menos aburrido.


No obstante la conveniencia que suponía para los clientes, elegir entre opciones diferentes, los dueños del hotel, con pretensiones más conservadoras, consideraron que desde el punto de vista operativo era demasiado complicado tener 15 habitaciones distintas, por lo cual, cuando iniciaba la construcción del edificio, solicitaron que el proyecto se modificara, indicando que como máximo podría haber sólo 2 tipos de habitación, de una y dos alturas.

La modificación, que estandarizó el espacio interior, diluyó la solución original del hotel, de la que se conservó solamente la fachada, por solicitud también de los propios dueños, quienes manifestaron abiertamente su agrado por esta.

Ambas decisiones confirmaron que el tema que impulsó el proyecto de BNKR, el desarraigo, no fue seleccionado por obra de la casualidad, el proyecto original demuestra que es una de las principales preocupaciones de los arquitectos contemporáneos. Sin embargo, el proyecto modificado también evidencia que, cuando en el discurso arquitectónico la forma se distancia del contenido de manera involuntaria, se produce una forma de desarraigo que conlleva resultados eclécticos, contradictorios y epidérmicos.











¿Qué sucede cuando el concepto de un proyecto se reduce a una fachada en el proceso de su desarrollo? ¿Es la mera búsqueda de una estética una meta válida en la arquitectura? ¿Vale la pena el fachadismo? ¿Hemos de convertirnos en arquitectos dermatólogos?

Un cliente nos contactó para diseñar un hotel de suites corporativas en la Nápoles, una colonia residencial en la ciudad de México que en los últimos años ha dado paso rápidamente a la presencia de oficinas. El terreno se localiza en la acera opuesta al centro de convenciones del World Trade Center, por mucho el edificio de oficinas más concurrido de la ciudad. Las suites fueron concebidas para alojar a hombres de negocios que visitan el WTC y las exposiciones anuales.

Una de las principales quejas de los empresarios viajeros es que, por más que pretenden evitarlo, su vida cotidiana termina transformándose en una rutina aburrida y tediosa: despertar a las 5:30 am, tomar un taxi al aeropuerto, un café de Starbucks mientras esperan la partida, un omelette insípido en el avión, un taxi al mismo hotel poco memorable, junta a las 9 am, almuerzo de negocios, reuniones vespertinas, bebidas, de vuelta al hotel, dormir, levantarse a las 5:30 am, tomar el vuelo de regreso… y así sucesivamente. Sus vidas parecen estar llenas de monotonía.

Esto nos motivó a crear un hotel en el que cada nueva estancia fuera una experiencia completamente distinta, intentando así romper su esclavizante rutina. Cada suite tiene una planta y una distribución espacial distinta. Las diferentes formas se ensamblan como un Tetris gigante para formar una torre. Para culminar la torre, la última forma se deja en voladizo para generar suspenso…. Una vez ensambladas las formas, se elevan para dotar de un acceso al edificio. Y para acentuar el carácter específico de las suites, cada forma fue concebida en un material diferente: madera, metal, roca volcánica, mármol, cerámica, piedra de cantera, vidrio…

Cuando la construcción del edificio había comenzado, el cliente de pronto cambió de parecer y decidió que, desde un punto de vista operativo, era demasiado complicado tener 15 suites distintas. Quería sólo dos tipos de suites: de una sola altura y de doble altura. Quedamos estupefactos.

Nos animó avisándonos que su decisión era agridulce. La parte agria era perder el concepto original; la dulce, que podríamos conservar la fachada pues en verdad le gustaba.

Teníamos que ingeniárnoslas para adaptar las plantas y reorganizar los interiores sin sacrificar la fachada. Al final, el cliente obtuvo su hotel y nosotros conservamos nuestra fachada.


Compartelo donde quieras: 

Reacciones:

0 comentarios: