sábado, febrero 19

Casa en Llavaneras / Soler – Morató Arquitectos



BLANCO SOBRE VERDE Y AZUL

La composición de elementos cúbicos encalados sobre azul turquesa desencadena en una armonía de volúmenes que  van generando espacios  interiores y exteriores a modo de positivo y negativo.

Partiendo de esta imagen y de un solar amplio con pendiente al sur, situamos el edificio en el centro del terreno, consiguiendo debido a su elevación  una posición de dominio sobre el territorio.


La disposición de estos volúmenes en forma de cruz nos dividen el terreno en cuatro zonas con funciones muy diversas a la vez que interiormente están comunicados entre si través del eje de circulaciones en el que juegan un papel muy importante, a modo de espina dorsal del edificio, las rampas que fluidamente nos van introduciendo en los diversos espacios y niveles.

En el primer cuadrante nos encontramos con el espacio destinado a la recepción exterior del edificio tanto peatonal como rodada, esta plaza tapizada de verde nos permite acomodar con facilidad los vehículos y al mismo tiempo conseguir un aspecto un tanto solemne del edificio.


La perspectiva en la zona de entrada queda delimitada por el volumen del garaje y el volumen de las rampas, provocando una supresión de las visuales exteriores dando al espectador neófito un cierto grado de curiosidad y a la vivienda mayor privacidad.

En el segundo cuadrante se desarrolla la mayor parte del programa de la vivienda, debido a la pendiente del terreno el edificio aumenta en volumen y en majestuosidad. Este es el lugar exterior escogido para realizar actividades al aire libre y es donde se sitúa la piscina y las terrazas directamente relacionadas con la cocina y el salón.


La fachada interna posterior de la casa se alza sobre una gran base de madera a modo de zócalo que la separa del suelo provocando un efecto de ingravidez que con la piscina acentúa su puesta en escena. El doble espacio generado por el salón que a modo de un gran cubo flotante de cristal levita sobre la piscina nos conecta con el tercer cuadrante del terreno.

En esta  zona que es la diagonalmente opuesta a la entrada es donde situamos los espacios exteriores más reservados, que debido a la fuerte pendiente nos conectan con el cielo y el mar.


El cuarto cuadrante es el más vinculado a la montaña queda delimitado por los elementos del garaje y del bloque de invitados. Pensado este como un elemento unido pero externo al edificio que, a modo de ménsula, vuela sobre el terreno fuertemente inclinado en esta zona consiguiendo causar un clima de tensión.


La composición interior del edificio  es el resultado del ir ensamblando los volúmenes exteriores. Es la interrelación entre el positivo y el negativo solucionado a través del eje de comunicaciones en el que juega un papel importantísimo la rampa central que nos traslada de una zona a otra de la casa fluidamente, dando en todo momento la sensación de elemento vertebrador de las diferentes estancias y funciones.

Luz, forma y color componen la base de esta arquitectura nacida en la costa mediterránea.
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