viernes, febrero 11

La Factory / Mateo Arquitectura



Al abordar este proyecto para un edificio de oficinas empezamos pensando toda la manzana, un conjunto de edificios que dejaban huecos entre ellos para pensar luz y aire sobre el vacío interior. Así empezamos a ver el edificio como una masa que formaba la avenida Émile Zola, como un volumen complejo. También teníamos una cierta experiencia sobre este tipo de edificios (dimensiones, profundidad…) que casi automáticamente poníamos en los dibujos y maquetas. Siempre empiezo así, con un volumen muy abstracto como base.


La historia y el lugar del edificio también se tienen que tener en cuenta. En este caso, estamos en la antigua fábrica Renault (yo recordaba las viejas historias del 68 y la película de JL Godard Éloge de l’amour, rodada allí poco antes de su demolición). Pero cuando llegamos era un enorme vacío, disponible y bello. Y había que construir una nueva parte de la ciudad. De hecho, como arquitecto me gusta experimentar esta sensación de vacío que hay que llenar y asumir la responsabilidad de hacerlo claro.


Las principales restricciones del lugar eran la calle, el patio interior, los otros colegas próximos… La relación con la calle hace que el edificio se pliegue y proteja la acera, es un gesto urbano y muy impresionante: moverte al lado de un edificio estando al tiempo debajo de él. Es una nueva versión contemporánea de los porches antiguos. El edificio te acoge, te protege y al tiempo te deja suavemente cuando vas a superarlo. También el edificio se abre en planta baja y te conecta con el jardín interior, que aunque no es muy grande es muy bello. El perfil superior del edificio no es horizontal, sino inclinado, ajustándose a las diferentes alturas vecinas e incrementando el dinamismo de la fuga perspectiva.


Evidentemente, el programa presentaba también restricciones, produciendo algunos resultados singulares: tanto oficinas como espacio genérico, flexible, abierto al futuro usuario. Y también algunos espacios singulares: entrada, restaurante, salas de conferencias, vestíbulos… que espero lo mitifiquen. Es un tipo de proyecto que pide claridad y regularidad, al que le hemos añadido (espero) nuevas complejidades. Por ejemplo, viendo la fachada hecha por una constelación de ventanas diversas, el interior vibra de forma atractiva y múltiple.


Sin embargo, este es un edificio pensado en volumen y con espesor, no sólo piel. Las fachadas son muros estructurales de hormigón y han supuesto un fuerte desafío tecnológico. Pero los auténticos constructores aman estos desafíos. La proporción y tamaño de los huecos se relacionan con el comportamiento contractural del edificio. Sobre los muros (que me habría gustado dejar vistos), razones energéticas obligaban a disponer un grueso aislamiento térmico que protegimos con grandes placas de aluminio. Los muros laterales en continuidad con la cubierta son de zinc, un material tradicional y artesanal, con gran tradición urbana.


Otro factor importante es la respuesta del edificio ante el HQE, normas medioambientales de alta calidad de Francia para la gestión del impacto medioambiental. El edificio tiene una gran inercia térmica, aislada y hermética. En su cara sur, las ventanas se retrasan para protegerse del sol y dan sobre los grandes árboles del jardín. Las instalaciones mecánicas contienen los máximos avances al respecto, y el diseño las integra sin estar yuxtapuestas al edificio. Un aspecto especialmente impresionante en la cubierta, donde se utiliza la forma inclinada del edificio para integrar todas las máquinas. La tecnología presente pero invisible.
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